Realismo estomacal

nietzscheana.com.arpor: juan ignacio rodríguez

¿Un estómago que siente?  Los dichos lo sugieren: “siento mariposas en el estómago”.  Los científicos lo proponen: leí que investigadores del instituto Max Planck descubrieron que en el estómago hay una potente red nerviosa.  Algo como un cerebro estomacal o, lo que sería lo mismo, un cerebro en el estómago. 

Fuera de que la ciencia sancione (redunde) una sabiduría popular, el asunto me da la excusa para hablar sobre la importancia filosófica del estómago o sobre su trascendencia moral.

1.
La cuestión la descubrió para el mundo, o al menos para mí -en toda su radicalidad y peso específico-, el señor Friedrich Nietzsche.  Sus ideas al respecto las resumo así: la filosofía es cuestión de estómago.  En Ecce homo -su autoexposición como pensador- le otorga una importancia fundamental a la alimentación.  Por ejemplo, la decadencia alemana, su nihilismo, sería consecuencia de un mal hábito: comer pesado y, encima, mezclarlo con líquidos, singularmente la cerveza.  Sobre ésta dice que, junto con el cristianismo, es la exportación europea más dañina al nuevo mundo.

Si la filosofía es cuestión de estómago, entonces sería nuestra ‘estomacalidad’ la que determina nuestro pensar.  Doy un paso y pienso en el estómago como criterio moral, en el gusto -obvio- como asunto estomacal: “leer esto me revuelve el estómago e indigesta, mientras que estotro relaja toda tensión…” ¿Acaso la tensión mental no provoca tensión estomacal? ¿Los malestares del estómago no indigestan nuestro pensamiento?

Si la cuestión es buena o mala, no lo sé ni me importa.  Sí me interesa que creo no alejarme mucho -nada- de una experiencia cotidiana: nuestro estómago es el que más sufre y disfruta con nuestros dolores y goces.

¿Habrá una irradiación cerebral o será que tenemos un estómago inteligente, que siente… experto?   Si siente, puede decirse que es estético.  Si es estético, me pregunto: ¿por eso la gula es un pecado capital para el cristianismo, a saber, para el ‘anestesismo’ sumo?  Lo sea o no, el hecho es que el cristianismo tiene en la alimentación y el estómago uno de sus criterios morales.

(Cabría hacer un estudio de los pecados en el cristianismo bajo el prisma de lo estético y lo anestésico.  Sospecho que se comprobaría que las virtudes son o quieren ser anestésicos para lo estético del vivir: ¿o no es acaso la virtud -ya antes del cristianismo- una Idea, y la Idea una forma o ‘morphé’, algo propio de Morfeo… el dios del sueño?).

2.
El espíritu y el alma como estomacales.   Quién lo diría.  Pensamiento y estómago.  Antes que metafísica, la filosofía sería fisiológica o -simplemente- física.  Quizás ‘meta-’ no dice ‘más allá’, sino ‘en pos…’.  Pensar, entonces, como ir en pos de lo físico.  ¿Como ser físico… animal, hombre? Como algo en la naturaleza, en la ‘physis’.

Disgresiones aparte, mi experiencia me permite dar un consejo: si eres como yo y estás con una infección estomacal, no escuches a Beethoven, pues empeorará la cosa.  El estómago te subirá y bajará junto con la música.  Pero sólo si eres como yo, porque no sé si la causa es la música o yo afectado por ella.  Esto parece más probable -es lo que creería Nietzsche por lo demás: todo depende de la naturaleza que cada uno es.

De lo anterior se sigue otra recomendación: no sigas consejos alimentarios -u otros-  derivados de la experiencia de alguien más.  Para un buen-vivir sólo vale conocerse a sí mismo.

Conclusión.  Hay que hacerle caso al estómago y, sobre todo, cuidarlo.  Casi es un imperativo, aunque siempre formal: préstale atención pues parece que allí está lo que es cada uno y en cada caso.  Al parecer, que los griegos hablaran de un alma en nuestro estómago, no es tan risible.   Para quien se conoce un poco, nunca lo ha sido.

Apéndice

Nietzsche fue injusto con la cerveza y de paso cometió la misma idiotez que él ve en los filósofos: la confusión de la causa y el efecto.  El problema no es la cerveza, sino los alemanes que toman cerveza (por lo menos los de su época).  Por lo mismo hay que tener el mismo cuidado con el resto de su recetario fisiológico en Ecce homo; incluido el apartado climatológico-geográfico.  De nuevo: no sigas consejos de otro, sólo vale conocerse a sí mismo, conocer la realidad que cada uno es.  Simplemente una cuestión de experiencia.

(Vaya uno a saber qué es eso).

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