Término o comienzo???

por: avellaneda…

Había esperando esa velada hacia semanas, 31 de octubre, noche de brujas, noche de concilio de seres sin alma, muertos en vida que sólo despiertan en la penumbra.

Nunca vi tanta belleza entre sombras y frialdad, cada quien me producía terror y admiración, nunca me sentí tan cómoda entre tanta lobregura.

El baile había iniciado y los compases fúnebres invitaban a embeberse de la sordidez, dejando fluir los deseos más tenebrosos.  Estaba en eso, inmersa en la pesadumbre, cuando lo vi entre la multitud: su palidez era escalofriante y la profundidad de su mirada me desnudó, era la primera vez que lo veía en esta vida, pero sabía que no era un desconocido.

En ese momento, mientras estaba en medio de todos, con la melodía entrampando mi esencia, intentando llevársela a los abismos, di un suspiro y todo se detuvo; por mi mente pasaban imágenes que había olvidado en el proceso de purificar mi alma.

Volví a verme con aquel vestido negro que Franz me pedía llevar cuando dormíamos.  No era cualquier vestido, era el que usaba aquella noche en que sus manos moldearon nuevamente mi ser. Siendo la frialdad quien lo guiaba, su boca sedienta hurgaba cada rincón de mi cuerpo inmaculado, luego de mordisquear rabiosamente mis pechos, subió al cuello y al hundir lentamente sus colmillos llegué al punto cúspide del placer en  vida, para luego morir, ir al infierno, y desde esas tinieblas regresar a la vida, y convertirme en una  más de sus meretrices…

Pasaba mis noches atosigada de comodidades, festines y lujuria, durmiendo con los desconocidos que Franz elegía para mí cuando su doncella escogida era otra.  En una de esas ocasiones me envió con Vlad, uno de sus súbditos favoritos, el de más confianza.

Ahí descubrí cómo fui elegida, una de tantas noches, cuando el calor era abrumante y yo salía a caminar: Vlad ya me había notado antes y sólo le bastaba verme mientras paseaba y disfrutaba de la frescura nocturna, me contó que hizo lo imposible para que yo no fuera victima de Franz, que le buscó mujeres intentando disuadirlo sutilmente, pero todos sus intentos fueron inútiles.  Fue precisamente él, Vlad, quien, bajo una especie de embrujo, me guió al mausoleo familiar dónde todo terminó… o comenzó.

Desde esa noche, esperaba ansiosamente verlo -era muy extraño para mí empezar a sentir algo totalmente desconocido.  Pasaron noches, que fueron meses, y comprendí que eso nuevo que crecía, que creció en ambos, era Amor…

Vivíamos nuestro sentimiento clandestinamente y nació en mí el deseo de abandonar esa vida tan oscura. Al darse cuenta Franz de mi radical cambio, me encerró y ya no pude disfrutar mi Amor.

Logré escapar del castillo y me refugié en un convento cercano, era una tortura ver aquellas imágenes religiosas, a veces afloraba el animal desalmado que deseaba volver a las sombras, debí ser exorcizada para purificar mis restos de alma.

Vlad me buscó.  Nuestro Amor era tan fuerte que intentó cambiar, pero llevaba demasiado tiempo entre tinieblas y, derrotado, volvió a la comodidad de aquella fría vida.

Ahí quedé yo, tratando de sobrellevar la locura que me consumía por  ser víctima del encierro y de mis demonios que no me daban tregua. Trataron de salvarme, pero todo fue en vano, no se puede imaginar lo poderoso y abismante que es el mal…

Recordé mi muerte, primero una tranquilidad inusitada y luego los demonios me peleaban mientras intentaba safarme… un silencio, un grito y quién sabe dónde fue a parar mi alma.

En la exhalación de mi suspiro, volví a la realidad y entendí que era él, el cómplice de mi desgracia, el que me acercó un poco a la humanidad, para luego dejarme  en la peor circunstancia: ahí, al filo del bien y el mal… Un escalofrío recorrió cada célula de mi cuerpo; siguió una inquietante excitación y por segundos sentí, una vez más, la disputa entre lo bueno y lo malo.

Caí aletargada, cuando me incorporé él estaba junto a mí y comprendí cuál era mi esencia en el instante en que clavé mis colmillos en su cuello con esa frialdad del cazador que da muerte a su presa. Disfruté cada gota de sangre, conociendo y gozando el placer de la venganza; allí, dónde para él todo terminó… o comenzó.

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