Dostoyevski: realismo metafísico, misticismo y espíritu karamazovianos (final)

6. Conclusiones.

Quedo en deuda respecto de la relación Dostoyevski-Nietzsche. Dos amigos, Raúl Madrid y Juan Ignacio Rodríguez, revisaron uno de los tantos borradores de este manuscrito y ambos fueron enfáticos en que no le hacía justicia a Nietzsche. Les agradezco sus comentarios, que me fueron muy estimulantes y útiles; pero no me queda más que disculparme sinceramente con ellos por la imposibilidad física, antes mencionada, respecto de cualquier intento de hermenéutica justiciera que tenga que ver con el autor alemán.

Las coincidencias de intenciones y actitudes entre el realismo metafísico contemporáneo y el realismo metafísico karamazoviano han quedado a la vista: la naturaleza, sus leyes, etc. También, creo, quedó a la vista el punto de convergencia entre el realismo metafísico karamazoviano y el misticismo karamazoviano. Ahora, que estos dos últimos puntos son sistemáticamente mantenidos por Dostoyevski, lo ponen de relieve las numerosas citas que permiten obtener una impresión clara de la coherencia de sus ideas y de la fineza de los argumentos que se desarrollan en la novela respecto del cientificismo, del materialismo, del idealismo y del misticismo, además de la religión y la moral. Asimismo, la caracterización del espíritu karamazoviano, en cada uno de sus personajes centrales, y la fuerte semejanza que ostenta con la personalidad de Dostoyevski, nos permiten afirmar que en la novela hay muchas cosas que se quisieron decir muy en serio.

Ya he dicho bastante acerca de Dostoyevski en relación al propósito de este escrito. Para terminar diré algo del realismo metafísico contemporáneo. Más allá del tecnicismo necesario para precisar en qué consiste el realismo metafísico y establecer las relaciones en las que hoy en día se encuentra con el naturalismo, el materialismo, el fisicalismo, el realismo a secas, la metafísica sin apellidos y sus formas monistas y dualistas, solamente conviene destacar su motivación original, que no es otra que la actitud hacia la naturaleza antes mencionada, de la que, entiendo, depende toda actitud filosófica. Asumo respecto del realismo metafísico: primero, que es una filosofía de la naturaleza, que intenta dar cuenta de ella, de su orden, de sus leyes, del lugar de nuestra especie en ella y de las consecuencias que involucra para la ciencia, la moral y la religión; segundo, que tiene alguna cercanía con el misticismo, en la medida en que el último es considerado como la contemplación desinteresada e íntima, aunque siempre viva y atenta, de la naturaleza, que solo tiene lugar cuando el ánimo se sobrecoge ante la perfección e implacabilidad del orden natural espacio-temporal; y, tercero, que hay, sin embargo, una gran diferencia entre el realismo metafísico y el mero misticismo, a saber, que el realismo metafísico, al menos hoy en día – y tal vez no tan claramente el de Dostoyevski –, considera los resultados de nuestras mejores teorías científicas como una herramienta más, aunque sólo como una herramienta más, para orientar la reflexión filosófica, la cual atiende también, y solo ella, a intuiciones sobre el estatuto de las leyes de la naturaleza, el orden natural, el espacio-tiempo, la finitud o infinitud, y la naturaleza de la realidad como tal, entre otras cuestiones que, si bien son supuestas por nuestras mejores teorías científicas, en ningún caso pueden resolverse desde las ciencias. Sólo esos tres puntos para terminar. Y desde luego los tres no tienen la misma relevancia para el realismo metafísico karamazoviano (especialmente el tercero), de la misma manera que su preponderancia es siempre diferente para las distintas versiones del realismo metafísico contemporáneo (especialmente el segundo). Lo que importa para nuestros propósitos es esta actitud hacia la naturaleza, porque justamente allí se encuentra la semejanza radical entre ambos realismos y lo que involucran, cada uno a su manera, del misticismo. No es necesario que insista en estos intentos de aclaraciones conceptuales, principalmente porque en la novela no encontramos nada parecido a una desagradable serie de definiciones de los conceptos en cuestión. El lenguaje de Dostoyevski es otro, es el del artista que, por ser tal, puede dejar en libertad su espíritu para que elabore las imágenes que ilustren las ideas de las que quiere dar cuenta, cosa que los filósofos logran, en el mejor de los casos, a través de un trabajo árido y abigarrado.

Apéndice 1. Guido Vallejos.

Le dedico este manuscrito a mi maestro Guido Vallejos, primero, porque a él le envié un e-mail el 01 de septiembre de 2008 con una selección de los pasajes de Dostoyevski que he ocupado aquí y, segundo, porque siempre acogió con interés este tipo de inquietudes, que si bien son genuinamente filosóficas, para algunos pueden resultar poco académicas atendiendo a los mostrencos estándares actuales, de poca valía estética, que estrechan desde fuera nuestras cabezas, vistiéndolas de elegancia y de inteligencia para ocultar la falta de ideas y adiestrándolas más en la falsa cortesía que en el amor a la verdad. A él le agradezco su lección vital de filosofía. Y espero no desengañarlo con esto. Copio parte del mensaje que le envié entonces:

LOS HERMÁNOS KARAMÁZOV es uno de los tres libros que me preocupo de leer una vez al año. La última vez que lo hice, el verano pasado, marqué todos los lugares en que se habla de realismo. La verdad es que no sé muy bien cómo estoy entendiendo REALISMO o NATURALISMO METAFÍSICO, que para mí son lo mismo, pero sí creo estar seguro de que hay una forma de REALISMO o NATURALISMO METAFÍSICO en la que coinciden no pocos filósofos sensatos […]. La gracia está en que no se ha formulado explícita y sistemáticamente una doctrina bajo esos nombres, por más que gran parte de los problemas de la filosofía contemporánea (y si usted quiere, el curso de la historia de la filosofía) apunten evidentemente en esa dirección. El REALISMO o NATURALISMO METAFÍSICO permite una visión comprehensiva de la realidad y es, por lo mismo, una filosofía completa […]. [S]u consecuencia más elevada es la conclusión de que NO HAY NADA. Esta es la ontología del REALISMO o NATURALISMO METAFÍSICO: NO HAY NADA. De verdad lo he pensado con toda la detención que he podido y aunque es seguro que aún resulta muy inmaduro, creo que va por buen camino y que sólo hace falta ordenar y redactar para ver en qué puntos se llega más lejos, si en ontología, en semántica, en teoría de la verdad, en ética, etc. (Cristian Soto, e-mail a Guido Vallejos, 01.09.08).

Parte de su respuesta es la siguiente:

Pero, vamos a los negocios. Creo vislumbrar, aunque no entender cabalmente, lo que me intenta decir cuando afirma que en el realismo metafísico no hay nada. Ciertamente, no interpreto esa aserción como literal. El contexto que acompaña sus afirmaciones me lo confirma, especialmente las citas de Dostoievsky. Aunque Cora Diamond no es santa de su devoción, tiene un capítulo en el libro que los dos conocemos –The Realistic Spirit– donde aborda, aunque en términos diferentes lo que me parece que es su intuición, a propósito de Berkeley y en contra del realismo metafísico o cualquier forma de metafísica que parta de supuestos trascendentales no fundados. Podríamos comentarlo si le parece. (Guido Vallejos, e-mail a Cristian Soto del 04.09.08)

Apéndice 2. Natalia Beiza acerca de Carla Cordua.

Natalia Beiza, en un e-mail del 17.05.11, me envió el manuscrito de Carla Cordua sobre Dotoyevski, que lamentablemente no tuve la oportunidad de conocer y leer antes de escribir este ensayo. Al leer las primeras páginas, sin embargo, me encontré para mi grata sorpresa con las siguientes líneas que me permito citar para destacar uno punto transversal de mi lectura:

En estas páginas se revisan las dos principales tendencias interpretativas de la obra de Dostoievsky, la que lo aprecia como psicólogo y la que lo celebra por la riqueza de ideas de sus personajes (Carla Córdua, Volver a leer a Dostoievsky, p. 323, CEP, 2010).

Al respecto, debo reconocer, primero, que desconozco en gran medida la discusión contemporánea sobre las interpretaciones de la obra de Dostoyevski. Pero, segundo, queda claro que aquí he tratado de trazar las líneas para un retrato de Dostoyevski como metafísico y, en ese sentido, aunque solo en ese, pareciera ser que mi trabajo podría enmarcarse dentro del segundo grupo mencionado por Carla Cordua. Lo que importa es el vuelo de las ideas de sus personajes.

Apéndice 3. Juan Ignacio Rodríguez.

Juan Ignacio Rodríguez me ha ofrecido diversos comentarios a los últimos dos borradores de este manuscrito. Me es muy difícil prácticamente hacerme cargo de todas sus observaciones, principalmente por el detalle y la profundidad de sus análisis. Sin duda, él está mejor pertrechado de ideas respecto del momento en el que escribió Dostoievski. Sus recomendaciones a que tenga en cuenta a Nabokov me han perseguido como un fantasma que me obliga a deshacerme de este ensayo cuanto antes. Cito algunos de sus comentarios para animarlo a redactar sistemáticamente sus críticas dilapidadoras de mi interpretación. Respecto de la relación entre el espíritu místico y el espíritu religioso, sostiene:

Antes de seguir leyendo escribo: hay que notar que no existe ninguna obligación en conciliar el elemento místico/cristiano de Dostoievski. Por decirlo a lo bruto: en eso Dostoievski puede estar equivocado. (Y por lo tanto se lo puede corregir. Por así decirlo, a lo bruto otra vez: Tenía razón Dostoievski cuando proponía/descubría un realismo metafísico, incluso un misticismo; pero erraba cuando lo vinculaba a lo religioso: Dostoievski no se dio cuenta que no todo misticismo es religioso. O Más bruto: que el misticismo no es religioso)… Opinión mía y por ahora sólo opinión: no sé cómo un misticismo no puede ser religioso… re-ligioso (perdonando el recurso al guión)… salvo, por supuesto, con alguna definición ad hoc.

Respecto de la interpretación de Nabokov acerca de Dostoyevski, observa:

Una pesadez de mi parte: ¿existen los genios? Te voy a prestar un libro sobre literatura Rusa de Nabokov, para que leas lo que dice de Dostoievski… lo vas a odiar (te adelanto que estoy de acuerdo con su descripción, aunque no con su valoración de lo descrito).

Respecto de la relación entre el espíritu de Dostoyevski y el espíritu karamazoviano, deshecha las razones que tienen que ver con el contexto de la génesis de la obra:

No creo que estas razones apoyen que el espíritu kamazoviano es el de Dostoievski. Sí que Dosotievski tomó episodios reales para construir su novela, pere eso no dice nada, ni a favor ni encontra, de que los pensamientos o creencias del libro sean las de Dostoievski: la realidad de los episodio es igual de consistentes con ambas alternativas (lo mismo la irrealidad de los episodios).

Respecto de las reseñas biográficas de Strájov, Turguenev y Cansinos Assens, sostiene:

Tampoco me parece una razón a favor. A lo más demuestra, creo, que Dostoievski tenía en si mismo la fuente de inspiración para sus descripciones, para sus personajes… pero no que estuviera “de acuerdo” con ello… quizás odiaba ser como era o incluso pensar lo que pensaba… no sé.

Acerca de la caracterización de los personajes karamazovianos, afirma:

Esto sí, creo. Va en línea con lo que decía: si no se demuestra, al menos lo que describes muestra que Dostoievski era él mismo un Karamázov: profundo, sensual, etcétera… pero no que él adscribiese, por así decirlo, a la “doctrina” karamazoviana… aunque sospecho que entendí mal y tu nunca dijiste otra cosa que no fuese que Dostoievski era un Karamázov y no —que es lo que entendí en este apartado— que las afirmaciones y convicciones de los personajes son las del autor.

También sospecho esto… que en Dostoievski convivían todos estos afanes, estan tendencias, estos pensamientos… probablemente que iba de uno a otro, que no se decidía por uno u otro… etcétera (aunque su paneslavismo, conservadurismo, moralismo parece mostrar que al final se decidió por un camino)… Como sea, no hay cómo saber si el espíritu de los Karamázov es el de Dostoievski… salvo que el lo confesase directa o indirectamente en sus textos de no ficción (suponiendo que no mienta). El asunto es que esa cuestión, pienso, es indiferente para tu tesis: que hay en Los hermanos Karamázov un realismo metafísico. Donde indiferente para tu tesis no significa banal o no interesante… es interesante, pero como otro tema, a saber: ¿cuánto hay de Dostoievski en sus ficciones?

Respecto de la seriedad con la que tienen que tomarse las afirmaciones de las personajes karamazovianos, replica:

No creo que se juegue en eso la seriedad o no del asunto… quizás eso es el genio, o parte del genio al menos: poder “dar cuenta de una realidad” incluso si no se la comparte: poder hablar, por ejemplo, de Dios o la religión sin por ello ser religioso o creyente… poder imaginar a un creyente, incluso al mejor de los creyente sin ser uno… eso sí que requiere genio: contemplación e imaginación. (Juan Ignacio Rodríguez, e-mail a Cristian Soto del 27.05.11)

Con esto, espero, quedará claramente a la vista cuánto me nutrí de sus observaciones y objeciones durante las últimas semanas de trabajo.

PRIMERA PARTE

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