Dostoyevski: realismo metafísico, misticismo y espíritu karamazovianos

por: cristian soto herrera*

Dedicatoria:

A mi maestro Guido Vallejos.

Epígrafes:

I want to see the world sub specie aeternitatis (realism with a cosmic face?)

(J. J. C. Smart, “A Form of Metaphysical Realism”,
The Philosophical Quarterly, Vol. 45, Nº180, 1995, p. 305).

¡Realismo, Kuzma Kuzmich, realismo!

(Dmitri, HK, p. 537 **).

Go, go, go, said the bird: human kind
Cannot bear very much reality

(T. S. Eliot, Four Quartets, Burnt Norton, 42-43).

1. Una introducción a palos.

Mejor un Dostoyevski realista y metafísico, aunque místico, que un Dostoyevski psicólogo. Nietzsche dice: “Dostoyevski, el único psicólogo del que he aprendido algo” (Götzen-Dämmerung, Vol. 6, Colli y Montinari eds., De Gruyter, 1999, p. 147), pero afortunadamente Dostoyevski afirma: “Se me llama psicólogo y ello es falso; yo soy realista solo en un sentido más alto, esto es, describo todas las profundidades del alma humana” (en Hauser, Historia Social de la literatura y el arte, Vol. 3, Ed. Guadarrama; también en Carla Cordua, Volver a leer a Dostoievsky, p. 333, CEP, 2010). Pobre Nietzsche. Y lo peor es que todos lo recuerdan, reproduciendo su afirmación injustificada y errónea sobre el gran ruso – injustificada y errónea, a menos que haya querido decir algo completamente distinto a lo que se lee en sus palabras. Como sea, no es este el lugar para resolver una cuestión de hermenéutica nietzscheana. Se trata de Dostoyevski: hay que buscar otras salidas sirviéndonos del tiempo que nos da la historia. Propongo, pues, un Dostoyevski realista y metafísico, aunque místico (lo que a la larga no resultará indecoroso en él). Tras justificar (2) por qué Los Hermanos Karamázov de Dostoyevski, me referiré sucesivamente (3) al realismo metafísico karamazoviano, (4) al misticismo karamazoviano y (5) al espíritu karamazoviano, para terminar con (6) algunos agradecimientos, disculpas y conclusiones esquemática y esqueléticamente esbozadas, más tres apéndices de reconocimientos.

2. ¿Por qué Los Hermanos Karamázov de Dostoyevski?

Pasa lo siguiente. Tras sucesivas lecturas anuales de Los Hermanos Karamázov, observé que podía identificar con alguna facilidad en sus páginas la elaboración de ciertas concepciones cabales acerca de la naturaleza y de sus leyes, de la especie humana y de su lugar en el orden natural, de la ciencia, de la moral y de la religión. No desacierta Schopenhauer – ni, poco después, Dilthey –, pensé, cuando sostiene que la literatura, el arte y la religión, al igual que la filosofía, son otros tantos intentos por dar cuenta de la realidad. Lo que cambia es la actitud que hay de trasfondo a cada una de ellas – casi siempre solo supuesta, como supuesta quedará acá. En la literatura, cuando sus obras emanan del genio, que ostenta un instinto, una intuición, o una fantasía suficientemente viva y productiva, sea como fuere, a decir verdad, que se le quiera llamar a esa capacidad que hace de alguien un genio, se alcanza una contemplación estética de la realidad que no cae bajo las sospechas del egoísmo, de la vanidad o del querer humanos. No hay lugar para el antropocentrismo en la genialidad, puesto que, asumiendo las palabras de Kant, que creo de profunda penetración en este punto, es la naturaleza la que se manifiesta a través de las producciones del genio, siguiendo su propia ley y no la de un sujeto cualquiera que atiende a sus quereres y pesares (Cfr. Kant, Kritik der Urtheilskraft, §§ 46 y 47, Kantswerke, Vol. V, Walter de Gruyter, 1968). En una línea semejante, que desvincula el carácter del genio respecto del antropocentrismo, Schopenhauer sostiene que “la expresión del genio, que constituye un aire de familia entre todos los altamente dotados, estriba en la liberación, en la manumisión del intelecto respecto del servicio de la voluntad” (El mundo como voluntad y representación, Vol. II, FCE, 2003, p. 369). A esa capacidad para la contemplación estética de la realidad que poseía Dostoyevski, se debe la impresión estética que ocasionan las afirmaciones de los personajes karamazovianos, dadas la sensatez, la evidente reflexión e, incluso, la sistematicidad que encierran las mismas en su entramado interno; capacidad estética que, por cierto, alcanza la universalidad propia de la producción genial. Solo por ello la historia de los Karamázov es una historia, o un aspecto no menor, de la humanidad.

Tengo que decir algo acerca de la impresión estética, que espero no suene a confesión quinceañera, aunque de algún modo toda impresión estética es, en cierto sentido, siempre demasiado juvenil y por lo mismo en ocasiones extrañamente acertada. En particular, la impresión estética que me fue provocando la lectura reiterada de la historia de los Karamázov cobró vida en la medida en que fui reparando en la concordancia de intenciones y actitudes existente entre, por un lado, esas afirmaciones, voluntariosas y sensuales, a despecho de novelescas, como si se quisiera decir algo en serio sin que nadie se dé cuenta, y, por otro, los resultados de cierta línea de investigación que he venido siguiendo sobre el realismo metafísico contemporáneo y sus vínculos, felizmente acotados y en ocasiones inútiles, con el misticismo. ¿En qué consiste esta concordancia de intenciones y actitudes entre el realismo metafísico karamazoviano y el realismo metafísico contemporáneo? Principalmente en la actitud hacia la naturaleza: ambos parecen completamente volcados hacia la naturaleza, vueltos hacia ella o, mejor aún, inmersos en ella, siendo ella el asunto fundamental. Ambos realismos, el karamazoviano y el contemporáneo, aceptarían el misticismo bajo la siguiente forma: contemplación desinteresada, pero a la vez íntima, de lo que hay y sobrecogimiento del ánimo que se percata de la perfección e implacabilidad del orden natural espacio-temporal. Por lo pronto, puede decirse sin ambages que Dostoyevski es un animal metafísico y místico, en los sentidos recién referidos. Y no solo eso: es también un animal sobremanera realista, capaz de comprometerse con la naturaleza y sus leyes, con la especie humana y su lugar en el orden natural, y con ideas radicales, en ocasiones sumamente claras y seductoras, acerca de las consecuencias que tales compromisos involucran respecto de la ciencia, la moral y la religión.

En lo que sigue, destacaré algunos puntos centrales de lo que aquí llamaré realismo metafísico karamazoviano, misticismo karamazoviano y espíritu karamazoviano, que no servirán, por supuesto, de introducción a la lectura de la novela, ni de exégesis para una mejor comprensión de la obra, sino solo para esbozar una lección latente de actitud filosófica que reverbera en esa historia karamazoviana de la humanidad y que ilustra con lucidez, sólo debida al genio, ciertas ideas que hoy forman parte de lo que algunos quisiéramos concebir bajo la nomenclatura de realismo metafísico. De eso se trata todo esto: de lecciones de actitud filosófica que vamos dándonos por la calle unos a otros con la mirada, y que bajo la mirada de Dostoyevski pueden tener algún efecto más concreto, si cabe que lo tengan.

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*Departamento de Filosofía, Universidad de Chile.

**Para Los Hermanos Karamázov cito la traducción de José Laín Entralgo, Editorial DEBATE, 2000. Ocupo la abreviatura HK seguida de un número para remitir a esta edición y a su número de página correspondiente. En ocasiones, como en esta, refiero el nombre del personaje del pasaje citado. Todos los pasajes los he cotejado con la traducción de Rafaél Cansinos Assens: Fiodor M. Dostoyevski: Obras Completas, 3 Volúmenes, Editorial Aguilar, 1949, sin encontrar diferencias esenciales. La edición en ruso descansa intacta en mi librero. Cito, en algún momento, la traducción italiana I Fratelli Karamazov, Editorial Einaudi, 2005, a propósito del ensayo de Sigmund Freud titulado Dostoevskij e il Parricidio, pp. 1017-1033. Tanto la edición rusa como la italiana se las debo a Simón Abdala.

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